Sábado 20 de Julio del 2024

El Foro de São Paulo: La ascensión del comunismo latinoamericano

La mayor trama criminal de todos los tiempos

De Olavo de Carvalho

Digesto Econômico, septiembre/octubre/nov/dic de 2007

El pionero indiscutible en la investigación del fenómeno “Foro de São Paulo” fue el abogado paulista José Carlos Graça Wagner, hombre de inteligencia privilegiada, que me honró mucho con su amistad. Él ya hablaba del asunto, con aguda comprensión de su importancia histórica y estratégica, por ahí de 1995, cuando lo conocí. En 1999, la documentación que él venía recolectando sobre el origen y las acciones de la entidad llenaba un habitáculo entero de su casa, y una prueba del criterio intelectual del pesquisidor fue que solo a partir de entonces él se sintió en condiciones de comenzar a escribir un libro al respecto. En una ocasión, me llamó para ayudarlo en su emprendimiento, mas yo iba partiendo hacia Rumanía y, con mucha tristeza, decliné la invitación.

Mayor aún fue la tristeza que experimenté años después, cuando, al retomar el contacto con el Dr. Wagner, supe que el proyecto había sido interrumpido por una ola súbita e infrenable de reveses financieros y batallas judiciales, que terminaron por arruinar la salud de mi amigo y de su esposa, ambos ya ancianos. No salía de mi cabeza la sospecha de que la peligrosa investigación en que él se metiera tuvo algo que ver con la repentina liquidación de una carrera profesional hasta entonces marcada por el éxito y por la prosperidad.

Él tenía negocios en los EE.UU. Y era también allá, en las bibliotecas y archivos de Miami y de Washington D.C. que él colectaba la mayor parte del material sobre el Foro. En los últimos años, la pesquisa había tomado un rumbo peculiar. El Dr. Wagner esperaba encontrar pruebas de una llamada íntima entre el Foro de São Paulo y una prestigiosa entidad de izquierda chic americana, el "Diálogo Interamericano". No sé si esa nueva prueba específica existe o no, ni sé si es realmente necesaria para demostrar algo que la mitad de América ya conoce por otras y abundantes señales, a saber, que los líderes más barullentos del Partido Demócrata son notorios protectores de los movimientos revolucionarios y terroristas (de modo que si el Foro, acrecienta la lista, no modificaría en gran cosa las biografías de esos personajes vampíricos).

Lo que sé es que el comienzo de la ruina personal de mi amigo data aproximadamente de una entrevista que dio al Diario Las Américas, importante publicación de lengua española en Miami, en la cual hablaba del Foro de São Paulo y de sus relaciones peligrosas con el "Diálogo". Pero esto ya sería materia para otra investigación, y lejos de mí intención de explicar obscurum per obscurius. Incluso sin poder prometer la solución para ese aspecto particularmente enigmático del problema, puedo garantizar una cosa: los archivos del Dr. Wagner, recientemente puestos a disposición del equipo de investigadores de Mídia Sem Máscara y de la Associação Comercial de São Paulo, por la generosidad de José Roberto Valente Wagner, permiten retomar la investigación con la esperanza de que antes de un año tendremos por lo menos la historia interna del Foro de São Paulo reconstituida prácticamente mes a mes. Entonces será posible colocar en bases más sólidas la cuestión del "Diálogo", pero antes de eso será necesario resolver otro enigma, mucho más urgente y mucho más próximo a nosotros.

Voy a formular ese enigma mediante el contraste entre dos órdenes de hechos:

Primero: El Foro de São Paulo es la más vasta organización política que haya existido en América Latina y, sin duda, una de las mayores del mundo. En él participan todos los gobernantes izquierdistas del continente. Pero no es una organización de izquierda como cualquier otra. Reúne más de una centena de partidos legales y varias organizaciones criminales ligadas al narcotráfico y a la industria de los secuestros, como las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) chileno, todas empeñadas en una articulación estratégica común y en la búsqueda de ventajas mutuas. Nunca se vió, en el mundo, en escala tan gigantesca, una convivencia tan íntima, tan persistente, tan organizada y tan duradera entre la política y el crimen.

Segundo: Durante dieciséis años, todos los periódicos, canales de TV y estaciones de radio de este país – todos, sin excepción, inclusive aquellos que más se jactaban de primar por el periodismo investigativo y por las denuncias corajosas – se negaron obstinadamente a noticiar la existencia y las actividades de esa organización, a pesar de las sucesivas advertencias que les lancé al respecto, en todos los tonos posibles e imaginables. Del aviso solícito a la provocación insultadora, de las súplicas humildes a las argumentaciones lógicas más persuasivas, todo fue inútil. Cuando no me respondían con el silencio desdeñoso, lo hacían al desconversar frívolamente, con objeciones escépticas enteramente apriorísticas, que dispensaban cualquier examen del asunto, con observaciones sapientísimas sobre mi estado de salud mental o con la mofa más estúpida y pueril que se puede imaginar. Reaccionando a esa persistente negación de los hechos, hice publicar en el periódico electrónico de Mídia Sem Máscara las actas casi completas de las asambleas y grupos de trabajo del Foro de São Paulo. La voluminosa prueba documental se mostró incapaz de conmover a los negacionistas. Parecían hipnotizados, estupidizados, mentalmente paralizados delante de una hipótesis más temible de lo que sus cerebros podrían soportar en esa ocasión.

El Foro de São Paulo reúne más de una centena de partidos legales y varias organizaciones criminales ligadas al narcotráfico y la industria de los secuestros como las FARC y el MIR chileno.

La publicación de las actas tuvo sin embargo dos consecuencias importantes. Por un lado, el sitio oficial del Foro, www.forosaopaulo.org, fue retirado del aire apresuradamente, para solo volver meses después, en una versión bastante expurgada. Por otro lado, entre los periodistas y analistas políticos, la afectación de desprecio por el asunto cedió lugar a la negación ostensiva, pública, de la existencia misma del Foro de São Paulo. Dos personajes se destacaron especialmente en su servicio: el inglés Kenneth Maxwell y el brasileño Luiz Felipe de Alencastro. Para anunciar al mundo la completa inexistencia de la entidad que yo denunciaba, ambos - por ironía, historiadores de profesión- usaron una tribuna o megáfono o podio del CFR, Council on Foreign Relations, el más poderoso think thank norteamericano, dando así a la ignorancia dolosa (o a la mentira grotesca) el aval de una autoridad considerable. Quien aún tenga ilusiones en cuanto a la confiabilidad intelectual de la profesión académica, incluso ejercida en los llamados "grandes centros" (Alencastro es profesor en la Universidad de París, y Maxwell es consultor supremo del propio CRF en asuntos brasileños), puede curarse de esa enfermedad mediante la simple notificación de esos hechos.

Pero entonces la hipótesis de la mera ignorancia organizada comienza a ceder lugar a la sospecha de una trama consciente mucho mayor de lo que nuestra paranoia podría imaginar. Miembros importantes del CFR tuvieron contactos próximos con las organizaciones criminales participantes del Foro de São Paulo, cuya existencia, por tanto, no podrían ignorar (léase al respecto mi artículo “Por trás da subversão”, Diário do Comércio, del día 05 de junio de 2006, http://www.olavodecarvalho.org/semana/060605dc.html). En suma, Brasil parecía estar preso entre las mallas de una articulación criminal, que envolvía al mismo tiempo, la totalidad de los partidos de izquierda latinoamericanos, el grueso de la clase periodística nacional, las principales pandillas de narcotraficantes del continente y, en fin, una parcela nada despreciable de la élite política y financiera norteamericana.

La gravedad de esos hechos se mide por la amplitud y persistencia de su ocultamiento. Creciendo en secreto, el Foro de São Paulo se tornó el motor principal de las transformaciones históricas en el continente, al mismo tiempo que la ignorancia general al respecto hacía que los debates públicos - e por tanto la totalidad de la vida cultural- se apartase cada vez más de la realidad y se transformase en una ingeniería de la alienación, favoreciendo aún más el crecimiento de un esquema de poder que se alimentaba gustosamente de su propia invisibilidad. La caída vertiginosa del nivel de consciencia pública en esas condiciones, era no solo previsible como también inevitable. Las opiniones circulantes se tornaban una danza grotesca de irrelevancias, desconversación y errores masivos, al mismo tiempo en que la violencia y la corrupción crecían ante los ojos atónitos del público y de los formadores de opinión, cada uno apegándose a las explicaciones más descentradas, extemporáneas e impotentes. Muchas décadas han de pasar antes que la devastación psicológica resultante de ese cuadro pueda ser revertida. El fabuloso concurso de crímenes que la determinó no tiene paralelo en la historia universal.

Uno de los aspectos más grotescos de la situación es la facilidad con que los culpables se desenredan de cualquier tentativa de denuncia, calificándola de "teoría de conspiración". Pero, ¿Quién habló de conspiración? Lo que vemos es una gigantesca movilización de recursos, de poderes, de organizaciones, de corrientes históricas, que para permanecer inmune a la curiosidad popular no precisa esconderse en sótanos, mas apenas apostar por la incapacidad pública de aprender su complejidad inabarcable y de acreditar en la existencia de tanta malicia organizada.

El Foro es una entidad sui generis, sin correspondencia en cualquier época o país. Largo tiempo después de extinto, como espero que venga a serlo un día, aún constituirá un enigma y un desafío al tirocinio de los historiadores. Para nosotros, es más que eso. Es el enemigo "omnipresente e invisible" soñado por Antonio Gramsci.

Traductor: Eddie Badilla Vindas

Republicación en San José, Costa Rica, 23 de junio de 2024 .

https://olavodecarvalho.org/a-maior-trama-criminosa-de-todos-os-tempos/

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