Por Luis Zúñiga
Analista político y exdiplomático
San José, Costa Rica. 19 de diciembre del 2025 -El Conservador CR- Luego de casi una década de acercamiento y relaciones diplomáticas con China comunista, la mayoría de las naciones latinoamericanas, especialmente las de Centroamérica, están retomando su interés hacia Taiwán.
La experiencia les ha demostrado que las promesas de Beijing de realizar grandes inversiones y de financiar importantes proyectos de infraestructura en sus respectivos países, se han desvanecido.
El tiempo se ha encargado de demostrar que el verdadero y único propósito de las promesas chinas era que las naciones centroamericanas cortaran sus relaciones diplomáticas y comerciales con Taiwán.
En febrero pasado, el gobierno de Panamá le puso fin al Proyecto chino de La Franja y la Ruta. Además, terminó con el contrato que otorgaba a China el control sobre dos puertos importantes en la zona del Canal de Panamá. Control que implicaba un serio riesgo de seguridad para la importante vía marítima interoceánica.
Adicionalmente a la posición del presidente, un grupo de 9 legisladores panameños acaban de iniciar una visita a Taiwán que calificaron como “una oportunidad para conocer modelos y experiencias relevantes para la modernización de Panamá, incluyendo posibilidades de inversión y cooperación”.
Con su usual postura imperial, la embajada china en Panamá exigió la cancelación inmediata del viaje y recurrió al falso y gastado argumento de que Taiwán es “parte de China”.
Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores taiwanés condenó los intentos intervencionistas de Beijing en sus relaciones y en el normal intercambio con otros países, y reiteró su mente abierta a realizar intercambios con amigos alrededor del mundo que sostengan los mismos ideales de democracia, libertad y respeto por los derechos humanos y el respeto a la ley.
En Honduras, la embajada china también asumió ínfulas imperiales y totalitarias cuando salió a censurar, públicamente, las opiniones del candidato presidencial hondureño, Nasry Asfura, emitidas durante una visita a Estados Unidos el pasado mes de julio. El candidato del Partido Nacional de Honduras prometió que, si resultaba electo, forjaría lazos más fuertes con Estados Unidos, restablecería las relaciones con Taiwán y revitalizaría la economía con las habilidades de los migrantes que regresaran al país.
La embajada de China en Tegucigalpa instó al aspirante presidencial a “detener de inmediato sus comentarios erróneos antes de que sea demasiado tarde”, en lo que realmente constituyó una seria amenaza a tan importante personalidad política del país.
En Costa Rica, también, la embajada china intentó censurar las opiniones de otro candidato presidencial, el diputado Eliécer Feinzaig del Partido Liberal Progresista. El pasado 2 de diciembre, el candidato presidencial expresó su intención de restablecer los vínculos diplomáticos y comerciales con Taiwán si resultaba electo presidente.
A pesar de que Feinzaig aclaró que no cortaría los lazos diplomáticos con China, la embajada comunista emitió un comunicado que en realidad implicaba una seria amenaza al candidato presidencial instándolo a “no jugar con fuego” en los asuntos tocantes a los intereses de China.
Los funcionarios chinos parecen ignorar que en los países democráticos los candidatos presidenciales deben dar a conocer al público sus planes de gobierno nacionales y la política que aplicará a las relaciones con otros países. Intentar censurar esas opiniones constituyen una seria e intolerable intromisión en los asuntos internos del país.
En la República Dominicana la embajada china también intentó censurar las opiniones de un importante líder político nacional. Mediante un comunicado emitido el pasado 31 de julio del presente año, la embajada de China en Santo Domingo calificó como “infundados y cargados de prejuicios ideológicos” los comentarios emitidos por el abogado, exministro y exdiputado dominicano, Pelegrín Castillo.
Sin citar textualmente los comentarios del destacado intelectual dominicano, como es habitual en los comunicados de prensa comunista, la embajada china afirmó que “el señor Castillo ignora realidades evidentes y busca manchar deliberadamente la imagen de China y la cooperación bilateral con la República Dominicana”.
Y para completar su ironía y falta de respeto a la libre opinión de los dominicanos, el comunicado de prensa chino acotó: “Las relaciones de China con los países de América Latina y el Caribe se basan en el respeto y el apoyo mutuo, libres de cálculos de poder”.
El exdiputado y analista político Pelegrín Castillo, un experto en los temas haitianos, habló sobre el plan estratégico que involucra a Haití, China y al contratista Erik Prince. Entre sus explicaciones, Castillo reveló que una empresa china está entrenando milicias con drones militares en territorio haitiano, con el respaldo de veteranos vinculados a operaciones internacionales. Castillo declaró que esa operación representa un riesgo para la región y especialmente para la seguridad de República Dominicana.
En Guyana, el pasado febrero de 2021, el régimen chino impuso su censura al gobierno de Guyana cuando, en ejercicio de su soberanía, el gobierno guyanés quiso abrir una oficina comercial de Taiwán. A pesar de que Guyana aclaró que esa oficina comercial no significaba establecer relaciones diplomáticas con Taiwán, el régimen de Beijing logró doblegar a Guyana y no permitió que se abriera la oficina comercial taiwanesa.
El resumen de todos estos hechos es que las naciones latinoamericanas, especialmente las Centroamericanas, han despertado a las constantes e intolerables intromisiones del régimen chino en los asuntos internos de los países que han establecido relaciones con Beijing y al incumplimiento de los compromisos de inversión y financiamiento de infraestructura a los que se comprometió.
La respuesta lógica de los líderes políticos de estos países la estamos viendo expandirse y volver su atención hacia Taiwán, una nación democrática y respetuosa de sus amigos, que ofrece comercio y cooperación mutuamente beneficiosa sin imposiciones ni censuras de ningún tipo.
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